fue en la neblina.
Mi presente canto
es a plena luz.
solitaria y triste
hasta hallar el sitio
de ternura azul.
Perfecta presencia.
Él borra las huellas.
Yo digo… ¡Jesús!
La imagen pertenece a Encounter Jesus
"Dios es amor" está escrito en cada capullo de flor que se abre, en cada tallo de la naciente hierba. Ellen G. White
SIMULTÁNEO
En caldo de choclos, cebollas y papas
Se gana confianzas
Se perfuma el pelo
Soporta patrones
Aroma la casa
Se guarda palabras.
Libera tensiones
de camisas blancas
al sonar la campana.
A ella le gustan
mientras canta,
los bollos de Corinto,
pica sobre la vieja tabla.
cubiertos de pasas.
Pasa por el super.
Sala la ensalada.
Pedalea y canta.
Se alisa el cabello.
Se cambia la falda...
Arriba a la casa...
Lo mira encantada.
se abrazan sus almas.
LAS DOS CARAS
Balcones abiertos a la noche.
Sonido de una taza que se posa
en su plato y aturde... ¡estalla!
La soledad tiene multitudes
que se apresuran y pasan.
Espaldas en el metro.
Rostros sin miradas
y un pozo en el pecho
que entrecierra los ojos
y duele en la garganta.
y cantos para estrenar mañanas.
Lagos interiores.
Extensiones de pampas.
Sobrevuelos de asombros.
Éxtasis de cumbres
y profundidades en calma.
La soledad tiene tiempo
para encontrarse con Dios...
¡y quedarse de charla!
AGUA VIVA
Tráeme un poco de agua,
limpia, de manantial.
de la profundidad mineral.
y deseos de cantar.
y le ponga flores a la soledad.
con frescura matinal.
arrulle con murmullos de mar.
RETAZOS
El raído terciopelo azul
que vistió a su muñeca.
Aquel corte verde musgo,
que se fue destiñendo
a fuerza de estar guardado.
Algún pañuelo de seda...
Dos chales de gasa
que ya no pueden ser usados.
La noche que me dejaron...
Un soleado día de playa.
La fiesta de casamiento.
El reloj, sus campanadas.
Voces que se pasean
a su gusto por la trama.
Momentos que se entremezclan,
se trenzan y me enlazan.
Tus besos sobre mi cara.
Unas manos que me peinan.
¡La risa de tío Pibe!...
La vieja foto en la plaza.
Retazos que a veces lloran
y otras ríen o cantan.
Retazos que me acurrucan
y que me cubren,
como un ponchito, la espalda.
Al regresar a casa me estaban esperando mi esposo y el Pastor Ricardo Liernur para darme la noticia.Mi eterna gratitud a mi esposo; también para Alexis Coald, mi amigo poeta, con sus mails y presentaciones en power point; y a tantos otros amigos que, en aquellos días, estuvieron tan cerca, a mi lado.
Anduve como muda un tiempo, apenas atiné a escribir:
Yo hoy sólo quiero
la manteca derretida,
sobre las tostadas calientes,
que me servía mi madre.
Pero ella amaba la vida. Las flores. Los días de sol.
Y fue ella la que me enseñó desde niña a amar la poesía y a confiar en Dios.
“Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero... Si, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.”
Por eso, gracias Señor por la madre que tuve el privilegio de disfrutar. Gracias por tu infinito amor y por las promesas de tu Santa Palabra, que me permiten seguir viviendo con alegría y esperanza.
Para Virginia, mi mami, todo mi amor y mi homenaje.
estrenó una ilusión.
Floreció en esperanza.
que se le hicieron cuento
los años de pausa.
Pero abrió los ojos
(nunca supo bien
de dónde vino el beso)
y de asombro en asombro
retomó el camino,
estrenó canción...
¡Rió con ganas!
“Esta es la despedida”, les dijo.
Sin una lágrima
las abandonó a la noche
y se fue hacia el alba.